-
Confieso que llegué a La Passion Béatrice por pura terquedad. Estaba revisando la oferta de cine francés en línea, tratando de romper mis propios prejuicios contra ese discursivo solemne que tanto les gusta —ese Foucault colándose por las rendijas como filtración de aguas servidas— y pensé: «vamos, dale una oportunidad; quizá has sido injusto». Así Read.
